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MELE VS. MELE

Hugo Petruschansky, Museo de Arte Contemporaneo, Bahia Blanca, 2002

Sobre algunos aspectos de la obra de Martín Mele
Es cierto que las diferencias entre las meras cosas y las obras de arte se han hecho tan reducidas que la crítica tiene solamente la posibilidad de preguntarse por el mínimo lugar que ocupa esa diferencia existente entre las cosas y el arte. La lucha y riesgo que tiene que enfrentar el artista es el de transformar las cosas en obras de arte.
Martín Mele es audaz y sus obras corren ese riesgo y logra, con entusiasmo, finalmente transformarlas. Su campo de trabajo es múltiple y abarca diversos medios y técnicas.

Los tensados -
Pinturas al óleo con objetos en su interior y telas tensadas con objetos visibles por los costados. Bajo telas de diferentes calidades y colores, generalmente lycras elegidas por su elasticidad, banalidad y falta de prestigio, y otros tantos tensados con telas al óleo pulcramente pintadas con pinceladas ritmicamente ordenadas que responden a la tipología de pinturas tradicionales, Mele esconde objetos de distintas procedencias que dan un inquietante volumen a la superficie. Muy pocas veces advertimos a qué corresponden esas salientes sacadas de la realidad y escondidas detrás de las telas fuertemente tirantes. A veces se nos da la oportunidad de espiar por el costado y ver que es lo que hay o sucede detrás de esas telas que mantienen a los objetos adheridos con gran fuerza y potencia y así se nos devela, provisoriamente, el misterio de lo secuestrado. Es un misterio centrado en un doble aspecto de la tensión, uno que alude al objeto que está realmente prisionero debajo de la tela y que el artista sabe bien qué es y otro a la tensión que se opera entre el observador y el espectáculo que se ofrece. Los objetos son colocados bajo las telas con un gesto rápido y azaroso, sin responder a un orden premeditado, dando finalmente la impresión de estar frente a formas acolchadas irregulares con cosas encubiertas.

Las esculturas, bolsas, ataduras y ensamblados
Mele utiliza bolsas, papeles y objetos encontrados en la basura como sillas, mesas, colchones, maderas, telas, cartones, latas, etc., que cubre, ata con cintas comerciales de colores y que ordena prolijamente como si de una escultura viviente se tratase. Cuando realiza un conjunto escultórico, dispone las cosas con refinada calidad cromática, delimitando el campo de su exhibición con cintas o pintura en el piso o en la pared, advirtiéndonos sobre el espacio del arte. Solitarias bolsas atadas o pintadas, están cuidadosamente ensambladas adoptando formas irregulares que se apoyan con fragilidad y modestia en el piso o sobre un zócalo, a veces recostadas sobre la pared las que frecuentemente delimita con líneas rectas de color marcando su territorialidad, aislándolas del contexto de realidad y liberándolas así de su objetiva inmanencia. La línea actúa delimitando el mundo del artista y el mundo de los otros.
Sus obras son elegantes, ordenadas, dispuestas en pensado equilibrio, otorgándole una presencia mágica. Son objetos inocentes, ni duchampianas metáforas ni mitologías beuysianas.
Estas esculturas son también el reflejo de una sociedad en ruinas, amante de sus propios desechos, a la que Martin Mele le incorpora un sentido de bricolage y radical transformación. Lo que los hombres desechan Mele lo colecciona, analiza y usa como una de las tantas respuestas posibles a la inestabilidad política, social y artística en la que vive el hombre.
Al unificar pedazos de una realidad y hacerlos coherentes en un mundo que esconde y embolsa sus objetos rechazados, Mele reformula esos objetos, utilizando la poética del arte, traspasando las fronteras de los géneros y ampliando así sus posibles definiciones artísticas.

Los videos
La incorporación del cine y del video en sus obras actúa dentro de un área que podríamos llamar docente; son situaciones y momentos en el desarrollo de su trabajo, donde se ven los accidentes que van ocurriendo mientras elabora y realiza sus obras, en los que fiscaliza y da cuenta de su trabajo y también nos da pistas sobre su modo de trabajar. Las obras de Mele son obras en proceso, puestas en escena de realidades descuidadas y como tal son estos testimonios puertas posibles de abrir para entender, no solo el bricolage, sino el sentido original y singular de su tarea.

Los aspectos
A M.M. no le interesa el discurso de la pintura luego de la pintura, sino la fascinación de enfrentarse con el azar en el acto de pintar y trabajar, que siempre es la misma práctica de suma de fracasos. No es posible volver a intentar lo ingenuo del ³hacer algo² que tienda inevitablemente a la problemática del cambio de la mirada, como la que ejercía Cézanne, que se preguntaba incansablemente cómo se podían ver las cosas, tratando de reformular las miradas del pasado. Pintar lo que hay entre los dos árboles del paisaje, como decía Klee, es siempre un imposible, un fracaso. Ese fracaso, es para Mele inspiración, talento frente al trabajo, rutina, y entusiamo en las innovaciones. Todos miramos de cierta manera pero siempre distinto. Es imposible que lo que vemos se pueda transmitir al arte sin perder las maneras de lo cotidiano, de lo habitual, pero sí intentar fabricar, con entusiasmo, un espacio nuevo, que si bien es cotidiano conservará un lenguaje diferente, oblicuo al del diario ver. Es por eso que este episodio de hacer arte dificilmente pueda homologarse con la ecuación arte-vida. No es como Beuys promulgaba: tener un punto de vista alto desde el cual se puede ver la totalidad. Para Mele el arte oculta gran parte del todo y solo deja ver un fragmento de una pasajera realidad. En las bolsas con basura al darlas vuelta o vaciarlas todo vuelve a ser basura. La pregunta por qué querer transformar algo en lo mismo tiene una respuesta donde ese nuevo mismo es el arte, que no es lo mismo que el objeto no llamado arte. Ahí reside la diferencia entre las cosas y el arte, en ese pequeño hueco donde se filtra el arte, el espacio y la idea fuera de lo cotidiano. Cuando hace pintura plana y geométrica, que generalmente refieren a los pixels de las fotografías o las imágenes digitalizadas, trabaja en similitud con el pensamiento de Picabia para quienes el proceso es solamente el contacto mental con el devenir del trabajo, sin miradas rectificadoras. Si la obra funciona es, de lo contrario no es. Es por eso que M.M. habla de objetos dentro de los objetos, del proceso del proceso y así hasta que la obra aparece. He allí y solo allí donde el arte se manifiesta en plenitud, sin adivinarlo sin artificios, solamente con la evidencia de su estatus de arte.